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Entrevistas MonteCaserosOnline
Especial Reinas 2026: El brillo de la pasión y la tradición en el carnaval de Monte Caseros
Cada año, MonteCaserosOnline celebra la esencia del carnaval a través de sus protagonistas más deslumbrantes: las reinas de comparsa. En 2026, nos acercamos a las siete jóvenes que representan lo mejor de sus agrupaciones, para conocer no solo sus trajes, sino también sus emociones, sus historias y el vínculo único que tienen con la fiesta más importante de nuestra ciudad.

En este especial conversamos con Delfina de Carunberacito, Guadalupe de Orfeito, Emma de Grupo Alegría, Yamila de UNASAM, Eliana de Shangay, Florencia de Carun Bera y Josefina de Orfeo. Cada una compartió cómo fue recibir la propuesta para ser la máxima figura de su comparsa, el proceso de confección de sus trajes —cada detalle pensado para brillar en la pasarela— y las emociones que las recorren cada noche al desfilar.

Más que vestirse de piedras y plumas, ser reina implica asumir un rol que combina tradición, pasión y alegría. En esta nota, cada soberana nos invita a vivir desde adentro la magia del carnaval, mostrando que detrás de cada traje hay sueños, esfuerzo y un profundo amor por la cultura y las Comparsas de Monte Caseros.

A continuación, sus historias, sus trajes y sus emociones se despliegan, una por una, para conocer a las reinas que hacen del carnaval un espectáculo inolvidable.

Delfina, Reina de Carunberacito

Una vida entera de carnaval

Delfina desfila desde los tres años. Creció entre plumas, lentejuelas y ensayos, acompañada siempre por su familia. En marzo del año pasado, apenas finalizado Carnaval 2025, recibió la propuesta de convertirse en Reina 2026.

“Me emocioné”, cuenta con timidez pero con una sonrisa que lo dice todo. La decisión no fue en soledad: su familia la acompañó desde el primer momento, como lo hace cada temporada.

El significado de su representación

Este año Delfina representa la canción “Ilarie” del “Show de Xuxa”, una propuesta cargada de música, juego y alegría. Según la definición artística de la comparsa, la temática transmite “la alegría máxima, el espejo del juego, la risa y la infancia”, valores que encajan perfectamente con su edad y con su manera de vivir el carnaval.

Un traje lleno de brillo y trabajo colectivo

El traje que luce esta temporada es una verdadera obra artesanal. Predominan los tonos dorados y boreales, con detalles en strass, galones, piedras de vidrio y plumas que aportan volumen y movimiento.

La confección comenzó en julio, durante las vacaciones de invierno, aunque algunos elementos —como el calzado— se encargaron incluso antes. Detrás de cada detalle hubo muchas manos trabajando: Diseño: Gustavo Ledesma, confección y emplumado: José, espaldares: Coco, Nego y Ruben, Malla: Rita y, por supuesto, la colaboración constante de familiares y amigos

Porque si algo deja claro esta historia es que un traje de carnaval nunca es obra de una sola persona. Es el resultado de meses de dedicación compartida.

La emoción de cada noche

Cuando su comparsa es anunciada y el carro avanza entre aplausos, Delfina confiesa que siente nervios. “Sí, nervios”, admite. Pero apenas da ese primer paso, los nervios se transforman en disfrute. “Me gusta”, asegura, reafirmando que cada noche la vive intensamente.

Desde la tía que la peina siguiendo el ritual de cada año, hasta las amigas que la alientan orgullosas con banderas hechas especialmente para ella; desde los padres que están siempre junto a ella, su tío que anda a la par, los tíos que prometen estar presentes en cada desfile. La previa también es carnaval: probar el traje, ajustar detalles, reunir a la familia, organizar la hinchada.

En una palabra: diversión

Cuando se le pide que resuma qué significa el carnaval en su vida, Delfina no duda: “Diversión”. Y agrega: “Alegría”.

Para ella, el carnaval es familia, es compartir, es crecer dentro de una tradición que la acompaña desde que era muy pequeña.

Al despedirse, deja un mensaje sencillo pero sentido: un saludo y agradecimiento a su familia, a sus amigas y a todas las personas que colaboraron en la realización de su traje.

Con apenas 11 años y una vida entera ligada al desfile, Delfina ya forma parte de la historia grande de Carunberacito. Y si algo queda claro después de escucharla, es que el carnaval seguirá siendo parte de su camino por muchos años más.



Guadalupe, Reina de Orfeito

Guadalupe, la emoción hecha carnaval

Tiene apenas ocho años, pero su historia con el carnaval comenzó cuando tenía tres. Desde entonces, nunca se bajó de la pasarela. “Me encanta”, dice con una sonrisa que confirma que no hay dudas: el carnaval es su lugar en el mundo.

La propuesta para ser reina llegó entre mayo y junio. Y la reacción fue inmediata: lágrimas de emoción. “Era mi sueño de “chiquita” ser reina”, confiesa. Aunque la alegría fue inmensa, en casa hubo dudas. La responsabilidad era grande y Guadalupe, la más pequeña en muchas de sus experiencias —ya le había ocurrido cuando fue bastonera—, podía enfrentarse a competidoras mayores. Pero entendieron que era su momento. Y la acompañaron.

Un traje pensado para brillar

Este año, Guadalupe representa a La Sirenita Ariel, un personaje que combina fantasía, delicadeza y fuerza, cualidades que también se reflejan en su traje.

La confección comenzó, como es tradición, por el casco. Es la pieza que más trabajo lleva, sobre todo por el peso y la comodidad. La estructura de herrería empezó a trabajarse aproximadamente un mes después de la confirmación. El espaldar, en cambio, fue lo último en terminarse. Entre medio, la producción se intercaló con coronaciones, armado de shows y otros compromisos, en una dinámica intensa y constante.

El traje está compuesto íntegramente por piedras de vidrio. Se eligieron piedras pequeñas, evitando las de gran tamaño, pensando en su edad y en la armonía del diseño. El brillo es protagonista, pero sin perder delicadeza.

En cuanto a las plumas, se trabajó con pavo, hisper retorcidas y pluma de gallo. La paleta buscó colores claros y vibrantes, aportando amplitud y frescura, evitando tonos oscuros para resaltar su figura y acompañar la temática marina. Algunos detalles evocan los colores de los corales, aportando contraste y profundidad.

Guadalupe comenzó en la categoría infantil, tuvo el paréntesis obligado de la pandemia y luego regresó como bastonera. Más tarde fue musa y el año pasado abrió la comparsa. Incluso viajó a Corrientes junto a Orfeo, donde la comparsa fue invitada tras consagrarse campeona. Este año también participó del lanzamiento del carnaval.

La pasarela, ese lugar mágico

Cada noche, cuando anuncian a Orfeito y pronuncian su nombre, Guadalupe no duda: “Emoción, lo único que siento es emoción, alegría”.

Define el carnaval como esa mezcla de ansiedad y felicidad que se siente al pisar la pasarela. Ese instante en el que todo el esfuerzo cobra sentido y el brillo del traje se fusiona con el brillo en los ojos.

Una dedicatoria especial

Si algo deja claro Guadalupe es que su reinado no es individual. Está sostenido por el amor de su familia. La nota la dedica a su abuela, a su tío —quien también desfila en la comparsa Copacabana en Corrientes—, a su primo, a sus tíos, a su mamá, a su papá y a su hermano. También a sus amigas y compañeritas de escuela, algunas de las cuales la alientan desde la tribuna y otras comparten con ella la pasión por el carnaval.



Emma, Reina de Grupo Alegría

Con apenas 11 años recién cumplidos y a punto de comenzar sexto grado, Emma transita su cuarto año consecutivo en la comparsa. Pero su camino hacia la corona no fue improvisado: ya había sido embajadora en su segundo año y bastonera en el tercero. La experiencia y el crecimiento dentro del grupo fueron marcando un recorrido que, casi como un presagio, tuvo su anuncio en la última noche del carnaval pasado.

“Prepárate porque me parece que te toca a vos el año que viene”, le dijeron al finalizar el corso. La propuesta quedó flotando en el aire, pero la decisión no era sencilla.

Emma practica taekwondo y participa en campeonatos durante todo el año. Además, cada verano viaja de vacaciones con sus abuelos, una tradición que también debía ponerse en la balanza. “Fue una decisión de ella”, cuenta su mamá. “Había que postergar otras cosas”.

Aunque el “sí” inicial llegó casi de inmediato, recién en marzo confirmaron definitivamente que Emma sería la Reina 2026 de Grupo Alegría. Incluso hicieron una especie de prueba en febrero para evaluar el compromiso que implicaba. Finalmente, con plena conciencia de todo el proceso que vendría, Emma eligió el carnaval.

El diamante: una experiencia hecha traje

Este año, Emma representa al diamante, y su traje es una verdadera obra de arte que combina diseño, precisión y una visión clara desde el primer momento.

La herrería estuvo a cargo de Gonzalo, quien desde hace años trabaja con la comparsa. El diseño integral —desde el concepto hasta el último detalle— fue creación de Rubén Suárez, diseñador de Grupo Alegría.

“Yo no entendía mucho hasta que vi el brillo y ahí apareció el diamante”, cuenta Emma. Rubén tuvo la idea completa: el espaldar, el casco, la malla, cada estructura y cada aplicación de piedra. El traje está confeccionado con piedras de vidrio, cuidadosamente colocadas, sin que sobre ni falte material. “Nos pidió una cantidad exacta de plumas y piedras, y usó exactamente eso”, destaca su mamá.

El proceso comenzó en marzo, apenas confirmaron la participación. Desde mayo iniciaron las pruebas de herrería. Hubo ensayos con el casco, ajustes en la malla, múltiples pruebas de estructura. Incluso la elección del calzado fue pensada hasta el final: Emma utiliza zapatos propios, priorizando la comodidad para poder bailar con libertad.

En septiembre ya contaban con todos los materiales, y en enero el traje estaba completamente terminado, medido y listo. Cada detalle fue trabajado con anticipación, planificación y dedicación.

Y ese trabajo minucioso es el que ahora podrá apreciarse en esta galería especial, donde el brillo del diamante se observa de cerca, tal como fue pensado.

Bailar para hacer feliz

Pero si algo define a Emma no es solo el traje, sino lo que sucede cuando pisa el corsódromo.

Para ella, el carnaval es encuentro. “Es un momento donde todos se reúnen”, explica. Y cuando se le pregunta qué la motiva a salir, la respuesta es simple y profunda: “Hacer feliz a las personas y que sonrían al verme”.

Emma disfruta cada instante. Se mueve con naturalidad, siente la música y actúa sin pensar demasiado. “Ella siente la música y hace lo que le nace”, dice su mamá.

Cuando cruza la línea blanca —ese punto donde comienza la evaluación oficial— lo que aparece es pura adrenalina. El peso del espaldar, el cansancio, cualquier molestia desaparecen. “Mientras va bailando no se siente nada”, cuentan.

Un mensaje que trasciende el brillo

La historia de Emma también lleva un mensaje importante. Ella vive con diabetes tipo 1, utiliza sensor y bomba de insulina, y desde hace cuatro años disfruta del carnaval sin que eso sea un impedimento.
Su mamá quiso dejar un mensaje para otras familias: “Que pierdan el miedo. A veces puede pasar algo, pero no es algo que prohíba disfrutar. Un nene o una nena con esta condición puede salir, puede cumplir su sueño y puede disfrutarlo”.

Sobre el corsódromo, bajo las luces y los aplausos, la condición no la limita. El traje no la oculta. Simplemente es parte de ella, como su sonrisa y su energía.

Un amor que nació en la franja blanca

Hace cuatro años, cuando la familia llegó a la ciudad, Emma no conocía el carnaval. Fue su mamá quien la animó a probar. La primera vez que le pusieron el traje y cruzó la línea blanca, algo cambió para siempre.

Terminó esa noche y dijo: “Quiero seguir haciendo esto”.

Hoy, convertida en Reina de Grupo Alegría, Emma no solo representa un diamante. Representa constancia, decisión, pasión y el brillo que nace de adentro.

En cada piedra de vidrio, en cada pluma y en cada destello que ahora podemos apreciar en detalle, hay meses de trabajo. Pero en cada paso sobre la franja blanca hay algo que no se fabrica: la emoción pura de una niña que eligió el carnaval para hacer felices a los demás.

Y ese, sin dudas, es el brillo más valioso de todos.



Yamila, Reina de UNASAM

Una vida marcada por el carnaval

“Soy apasionada desde que estaba en la panza”, cuenta entre risas. Sus primeros pasos los dio a los cinco años, cuando comenzó a salir con trajes prestados. Aunque su familia no era especialmente carnavalera, nunca dejaron de acompañarla en cada sueño y en cada noche de corso.

Sus inicios fueron en Carunberacito y en Grupo Alegría, dando forma a una vocación que con el tiempo se consolidaría. Más adelante integró La Nueva Shangay en las temporadas 2014-2015, hasta que decidió hacer un paréntesis para priorizar sus estudios. “No podía con los gastos de las dos cosas, y quería recibirme. Fue un sacrificio necesario”, recuerda.

El regreso definitivo llegó en 2024, cuando Hugo la convocó para sumarse a UNASAM como bastonera de la Escuela de Samba. En 2025 fue bastonera de comparsa, y tras el último carnaval, en abril, recibió la propuesta que toda pasista sueña: convertirse en reina. La respuesta fue inmediata. “Es un puesto que cualquier mujer carnavalera desea. Hugo confió en mí desde el primer momento y no podía decir que no”.

El traje: brillo, fuerza y misterio

Detrás de cada pasada hay meses de trabajo silencioso. Yamila comenzó en mayo con la herrería, que estuvo lista a principios de julio. Luego llegaron los detalles para la coronación y, finalmente, en noviembre, se abocó de lleno al traje principal.

La pieza está confeccionada en su gran mayoría con vidrio forrado con cinta, galones con brillo, plástico y vidrio combinados, además de resinas que aportan equilibrio y luminosidad. La tonalidad boreal con base dorada domina la escena, generando un efecto impactante bajo las luces del corsódromo. Lleno de piedras y strass.

Este año representa a la diosa que domina las fuerzas malignas, símbolo de belleza, fertilidad y prosperidad dentro de la temática egipcia que propone la comparsa. Una figura que lucha incansablemente para que el mal se apague, y que Yamila encarna con fuerza, elegancia y carácter.

Cada detalle lleva su impronta personal. “Los trajes me los armo yo. Me gusta darle mi sello en cada parte”, explica. Esa dedicación se percibe en la armonía del conjunto y en la seguridad con la que lo defiende en pista.

El momento del portón y la emoción intacta

Si hay una imagen que resume lo que significa el carnaval para ella, es la del portón abriéndose y la línea blanca marcando el inicio del desfile. “El pecho se te infla. El corazón late a mil. No existe el dolor ni el cansancio. Es felicidad pura”.

La primera noche no estuvo exenta de sobresaltos. El carro sufrió una rotura en plena salida: se cortó la dirección, se apagaron las luces y debió bajar antes de lo previsto. Pero lejos de opacar la noche, el episodio dejó una de las postales más conmovedoras.

Mientras su familia corría para asistirla, el público se puso de pie. La alentaron, la aplaudieron y la animaron a seguir. “Salté y salí bailando”, recuerda emocionada. Desde ese momento y hasta el final del recorrido, los aplausos no cesaron. “Creo que la gente también quería verme de cerca. Sentí una fortaleza enorme”.

Superado el inconveniente, las noches siguientes transcurrieron con brillo pleno, reafirmando su lugar como soberana.

Una reina que agradece

Yamila sabe que el show que se ve en pista es el resultado de un gran trabajo colectivo. Detrás de su traje y su carro hay un equipo incondicional: su mamá, su papá, su hermano —quien carga, arma y resuelve—, la pareja de su mamá, su cuñada, su novio —que aprendió el mundo del carnaval desde cero— y sus amigas, fundamentales en cada detalle previo.

“Ustedes ven mi show, pero no saben la cantidad de gente que hay detrás”, afirma. A ellos se suma un agradecimiento especial al público. “Sin ellos no podríamos brindar este espectáculo. Sentir su calidez nos hace crecer cada noche”.

Con el corazón multicolor, hoy teñido por el orgullo de UNASAM, Yamila deja en claro que para ella el carnaval es pasión, amor y entrega absoluta. Y cuando la música suena y el portón se abre, no hay nada más que hacer que bailar… y dejar que la magia suceda.



Eliana, Reina de Shangay

El regreso de una historia que nunca terminó

Eliana comenzó su camino en el carnaval en 2009, con apenas 16 años. Desde entonces y hasta 2017 desfiló de manera ininterrumpida en Shangay. Hubo un año en el que salió en Orfeo, por pedido de su madre —orfeísta de corazón—, y también pasó por Juventud cuando Shangay atravesó un momento difícil.

Después vino una pausa de nueve años. Un tiempo lejos del corsódromo, lejos de la marcha, lejos del brillo. Un regreso que no estaba en sus planes, pero que el destino tenía preparado. Y esta vez, nada menos que como Reina.

El llamado que cambió todo

A fines de 2024, la nueva comisión de Shangay se reunió y fue clara: “Eliana tiene que ser nuestra reina”. El planteo llegó primero a sus padres y, formalmente, a ella en enero de 2025.

La primera respuesta fue un no. Se sentía desenchufada del carnaval, distante, en otra etapa. Pero en junio, sus padres volvieron a insistir. La convencieron. Y aceptó. Hoy asegura que fue una de las decisiones más lindas de su vida.

Un traje que representa a la Argentina

La confección comenzó a gestarse en octubre, cuando empezó a adquirir los materiales. En diciembre ya se trabajaba de lleno en el traje.

Este año, Eliana representa a La Argentina, un concepto que conjuga identidad, fuerza y pasión. El traje está realizado en un 80% con piedras de vidrio y un 20% con cristales, cristales de roca y strass. El resultado es una pieza impactante, donde el brillo no solo adorna, sino que potencia el mensaje que busca transmitir.

Cada detalle, cada reflejo bajo las luces del corsódromo, acompaña su presencia firme y elegante, en un diseño que combina delicadeza y poder escénico.

La emoción intacta

Cuando los portones se abren y comienza el desfile, Eliana siente que el tiempo no pasó. “Es como si los nueve años de ausencia no hubiesen existido”, cuenta.

Escucha la marcha de Shangay y la piel se le eriza. La adolescente de 16 años que dio sus primeros pasos vuelve a despertar. Solo quiere entrar y bailar. Solo quiere vivir ese instante.

Destaca especialmente el recibimiento de la gente. El reconocimiento. El cariño. “El carnaval tiene memoria y la gente no se olvida”, afirma. Ese aplauso, esa mirada cómplice desde la tribuna, es su parte favorita.

Carnaval, una palabra que lo dice todo

Si tuviera que definirlo en una sola palabra, no duda: felicidad.
Pero para ella es mucho más. Es alegría. Es el momento de brillar y mostrarse tal cual es. Es música que le recorre el cuerpo, energía que la envuelve, emoción que la atraviesa. Es sentirse segura, linda y fuerte. Es amor.

“El carnaval no es solo un evento, es una parte de mí. Es cuando me subo al escenario y me siento viva. Es libertad. Es mostrarme auténtica, sin vergüenza. Es cuando puedo ser yo misma”.

Gratitud de reina

En este reinado, Eliana tiene agradecimientos claros. En primer lugar, a quienes pensaron en ella para ocupar este lugar: Coty López y su esposo Rubén Alonso, que nunca dudaron y siempre la hicieron sentir una reina.

Pero el agradecimiento más profundo es para sus padres. Ellos la impulsaron a aceptar, la convencieron cuando dudaba y la acompañaron en cada paso.

Más allá de los resultados y las categorías, Eliana se siente ganadora por representar a su querida Shangay. Disfruta cada noche como si fuera la última y no quiere que termine.

Porque para ella, ser Reina de su comparsa no es un título. Es todo.



Florencia, Reina de Carun Bera

Florencia, Reina 2026 – Comparsa Carun Berá

Su historia con el carnaval comenzó temprano. Florencia salió por primera vez en 2007 y 2008, en Carunberacito. Luego se alejó un tiempo —“ya era bastante alta para la edad”, explica— hasta que en 2014 decidió volver.

Hubo un momento clave: en 2013 no pudo estar en ninguna noche de carnaval en Monte Caseros. Esa ausencia le pesó más de lo que imaginaba. “Ahí me dije: necesito volver y volver con todo”. Y así fue. Desde 2014 en adelante, su presencia fue ininterrumpida, salvo los años de pandemia. “Era como que me preguntaban si iba a salir… y eso no se pregunta. Yo salgo”, afirma con convicción.

Antes de convertirse en reina, su camino estuvo marcado por distintos roles dentro de la comparsa: fue cordonera de Escuela de Samba en 2020, cordonera de comparsa en 2023 y bastonera en 2025. La trayectoria, el compromiso y la constancia terminaron de consolidar un sueño que, aunque latente, la tomó por sorpresa.

La propuesta que la dejó helada

La propuesta llegó a mitad de año. Florencia vive en Buenos Aires, por lo que organiza sus tiempos entre viajes, trabajo y estudio. En vacaciones de invierno se reunió con el equipo para comenzar a definir detalles, colores y medidas. En medio de esa charla surgió una pregunta inesperada:

“¿Alguna vez vas a entrar en carro?”

Ella fue sincera: le gusta bailar, sentir el contacto con la gente. “A mí no me gusta el carro, me gusta ir bailando”, respondió. La contestación fue inmediata: “Qué lástima… porque ibas a ser reina”.

“Me quedé helada”, recuerda. Si bien había rumores que apuntaban a otros nombres, le explicaron que la elección era por trayectoria, por el recorrido dentro de la comparsa. Más allá del lugar que ocupa hoy, lo que la atraviesa es algo mucho más profundo: el amor por Carun Berá.

Su memoria volvió a esa nena de cuatro o cinco años que veía a su tía, Reina de Carun Berá, y se subía a la cama a bailar imaginando que también lo era. “Fue como revivir esa imagen. Se me puso la piel de gallina”.

El traje: entre lo natural y lo utópico

Florencia representa el “limbo entre lo natural y la utopía”, un concepto que fusiona lo real con lo irreal. En su carro conviven flores y mariposas con rostros que emergen de los árboles y ojos que observan desde la naturaleza. “Es ese vínculo con lo natural que al mismo tiempo se desconecta”, explica.

La base estructural fue realizada por el diseñador Cabecilla, responsable de la herrería. Pero el resto del traje —cada piedra, cada detalle— fue íntegramente confeccionado por ella.

Predominan las piedras de vidrio, en tonos boreal y lilas, con base plata. Decidió alejarse del violeta oscuro tradicional para apostar a matices con destellos azules y lilas que, aunque no se perciben a simple vista, aportan un brillo distinto. También incorporó toques de rosa Dior y diferentes tipos de strass que enriquecen la textura general.

“Todo lo hice yo”, dice con orgullo. Sus padres y su tía le insistían en que debía aprender a delegar. Ella accedió… pero con una condición: el traje lo hacía ella. “Si me queda bien es culpa mía, y si me queda mal también”, resume entre risas.

La costura de varetas y detalles estructurales contó, como cada año, con una aliada infaltable: su abuela.

Comenzó a comprar materiales a principios de año —algo que ya es costumbre en ella— pero recién en diciembre, cuando logró liberarse de las exigencias laborales y académicas, pudo sentarse de lleno a trabajar. “Necesitaba horas con mi traje. No hacer una parte y dejarlo. Sentarme y hacerlo”.

El momento en que se abren los portones

Más que el sueño de ser reina, lo que siempre la movilizó fue salir en el carnaval. Desde los ocho años recuerda acompañar a su tía a los ensayos en el Artesano, con sandalias en mano, queriendo ser parte.

Cuando habla de Carun Berá, la emoción es evidente. “No lo puedo explicar. No siento dolor, sigo bailando, no me importa”, confiesa.
En la previa, cuando arranca el rezo y la Escuela de Samba se prepara, el cuerpo empieza a anticipar lo que viene. Pero hubo una imagen que quedará para siempre grabada: el consejo de su prima antes de salir en la primera noche. “Guardate para siempre la imagen del momento en que estés arriba de la carroza y veas a toda tu comparsa”.

Lo hizo. Y esa postal, dice, ya es imborrable.

Sintió una energía recorrerle el cuerpo, una mezcla de adrenalina y emoción que solo le pedía una cosa: entrar a bailar. “Me pasa desde siempre. Termino y quiero seguir bailando. Mi mamá me dice que pare, que me voy a enfermar… y yo quiero dos minutos más”.

Este año le tocan siete noches. Para ella, mejor.

Pasión y familia

Si tuviera que definir qué es Carun Berá en una palabra, no duda: “Pasión”. Y enseguida agrega otra: “Familia”.

Porque detrás del traje, del carro y del brillo hay amigos de toda la vida que se ofrecieron para ayudar en la carroza mientras ella terminaba su vestuario. “Me tenían prohibido ir al galpón, porque sabían que me podía lastimas, enganchar con algo. “Vos terminá tu traje”, me decían”.

Hubo muchas manos trabajando en silencio, muchos detalles preparados con anticipación para que todo luzca como se vio en la avenida.

Por eso, su reinado no es solo una corona: es el resultado de años de constancia, de amor por la comparsa y de una red de afectos que la acompaña desde Monte Caseros hasta Buenos Aires.

Florencia no solo representa un concepto artístico en la pasarela. Representa la historia de una niña que soñó con bailar, una comparsera que nunca dejó de sentir el llamado del carnaval y una reina que vive cada apertura de portones como si fuera la primera vez.



Josefina, Reina de Orfeo

Diez años de carnaval y un llamado inesperado

Josefina forma parte del carnaval desde 2016. Diez años de trayectoria —con la única pausa obligada por la pandemia— la consolidan como una figura con experiencia y presencia en la comparsa tricolor. Sin embargo, la propuesta de convertirse en soberana llegó sin aviso.

“En mayo me llamaron Juanchi, Ceci —la presidente— y Emilce. Creo que fue a mitad de mes. Dije que sí instantáneamente. Después le pregunté a mi familia, pero primero dije que sí”, recuerda entre risas.

La emoción fue inmediata. No solo por el lugar que implica ser reina, sino por lo que representa: “Es gratificante porque sentís que le dan valor al trabajo que venís haciendo años anteriores con tus trajes. Es una forma de reconocerlo”.

Su mamá, quien vive de Concordia, recibió la noticia por videollamada y se emocionó profundamente. Su papá, que estaba de viaje, también celebró el anuncio. Amigos, tías y todo su entorno se pusieron a disposición desde el primer momento. Porque si algo deja claro Josefina es que el carnaval no se vive sola.

Roma Eterna: un carruaje hacia la historia

Este año representa a la Roma Eterna, y su carro es fiel a esa idea: un carruaje romano con sogas que evocan los caballos, una rueda gigante y una tarima que simula un carromato. Detrás, un coliseo antiguo se levanta entre rocas que remiten a la Roma histórica.
Cada elemento dialoga con el conjunto. Los detalles ecuestres, la lona de fondo y la estructura general construyen una escena que, vista en su totalidad, impacta; pero es en el detalle donde realmente se descubre la magnitud del trabajo.

Apenas dos semanas después de la confirmación, Josefina ya estaba reunida con el diseñador para plasmar sus ideas. Quería un espaldar distinto, simétrico, con una mitad diferente a la otra. De un lado, plumas que ascienden; del otro, que descienden. Pequeños detalles —como chumbos en un sector y ausencia en el otro— marcan esa dualidad que quizá no se percibe a simple vista, pero que habla de su obsesión por la originalidad.

El casco fue lo primero que tuvo en junio. Solo forrarlo le llevó un mes entero. “Primero cubro cada recoveco con lamé dorado, después galón y arriba la piedra, para que no se vea nada de alambre”. Lo dejó en pausa hasta octubre, cuando retomó el traje completo. Trabajó hasta el día previo al debut. “Siempre hay un huequito que encontrás”, confiesa.

Identidad propia: innovar como sello

Si algo caracteriza a Josefina es la búsqueda constante de diferenciarse. El año pasado apostó por un tono bordó magenta que muchos identificaban directamente con su figura. “Me gusta que se te identifique por un color”, explica.

También rompe con estructuras tradicionales. Cambió el clásico corpiño y caderín por una malla en temporadas anteriores, y este año diseñó un corpiño amplio que simula un corset. La innovación es una decisión consciente.

Además, confecciona sus propios trajes y trabaja realizando vestuarios para otras comparsas y carnavales. “Si mando a hacer mi traje con otra persona no sería mi mejor publicidad”, señala con lógica profesional.

En cuanto a materiales, el peso de su traje habla por sí solo: piedras de vidrio en su mayoría —doradas y boreales—, cristales de roca y una mínima cantidad de strass para detalles. La elección prioriza brillo y calidad, aunque implique cargar varios kilos sobre el cuerpo.

La felicidad como definición

Si tuviera que resumir lo que significa el carnaval y Orfeo en una palabra, no duda: felicidad.

Pero no solo la del momento del desfile. Disfruta el proceso completo: imaginar, diseñar, coser, pegar piedras, preparar presentaciones y finalmente ver el resultado. “Es una satisfacción interna”, describe.

Esa felicidad se transforma en euforia cuando suenan los tambores. Antes de ingresar, el clima es de concentración absoluta. Se coloca el casco —lo más pesado— en el último instante y sube a la carroza. Cuando anuncian su nombre, intenta ahora prestar atención: la primera noche, en la emoción, ni siquiera escuchó que la nombraban.

“Bailo, tiro besos a la nada, saludo aunque no sepa si me están mirando. Voy feliz”, dice. Y esa felicidad se traduce en show. Porque entiende que, más allá del disfrute personal, el carnaval es un espectáculo para el público. Su objetivo es dejar algo en la memoria: un color, un casco, un detalle inolvidable.

Una reina sostenida por su gente

Detrás del brillo hay un entramado familiar inmenso. Su mamá realizó cada detalle decorativo del carro junto a su tía y primas. Sus amigas —a quienes llama “la sede 2” o “la sede de Tono”— le abren las puertas de su casa desde hace tres años para construir los espaldarles.

El traslado del traje moviliza a más de diez personas: su abuelo presta el camión, su tío lo maneja, padrastro, novio y abuelo bajan el espaldar, su mamá sostiene el soporte, su tía el casco, primos ayudan en cada paso. “No lo podés hacer sola”, afirma.

Su entorno comparte la misma pasión: todos son de Orfeo. Desde pequeña creció entre plumas y lentejuelas, viendo a su mamá y a su tía ser reina y bastonera. Ingresó a Orfeito con apenas dos o tres años. En 2015, cuando la comparsa no salió, guardó su traje listo hasta el año siguiente. Cambiar de comparsa nunca fue una opción.
“Solo el que lo siente lo entiende”, resume.

Y quizás ahí esté la clave de esta reina de Roma Eterna: en una historia que no empezó con una corona, sino con una infancia entre carrozas; en una pasión que no se improvisa; en la felicidad que, año tras año, se renueva cuando los tambores anuncian que la tricolor vuelve a brillar.




✨👑💛 GRACIAS REINAS 💛👑✨

Gracias infinitas a todas las soberanas que nos abrieron las puertas de sus casas para realizar este Especial de Reinas, un clásico de MonteCaserosOnline que año tras año acompaña, celebra y late al ritmo de nuestro querido carnaval

Gracias por regalarnos su tiempo, por cada sonrisa, cada recuerdo compartido y cada palabra sincera. Nos llevamos historias y sentimientos que luego transformamos en letras para que todos pueda sentir lo que se vive detrás de cada corona

Gracias a todos por sus hermosas palabras hacia nuestro trabajo, por el cariño y por empujarnos a seguir, a crecer y a no bajar los brazos nunca

Si en algún momento cometimos algún error u omitimos algo, pedimos disculpas. Ponemos el alma en cada entrevista, en cada foto, en cada publicación… pero somos personas y no estamos exentas de equivocarnos. Lo hacemos con amor, siempre

Disfruten de estas fotos, de cada nota, de cada emoción compartida…

🎭✨ ¡FELIZ CARNAVAL PARA TODOS! ✨🎭

MonteCaserosOnline seguirá siempre con su cámara y su grabador detrás de los protagonistas, entre plumas, piedras, brillo y pasión, homenajeando a los verdaderos creadores de esta fiesta maravillosa que nos une y nos llena el alma.



Viernes, 13 de febrero de 2026

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Política | El gobernador Juan Pablo Valdés recibió este miércoles por la mañana, en su despacho de Casa de Gobierno, al embajador de la República de Corea en la Argentina, Lee Yong Soo, quien arribó a la provincia con el objetivo de con...
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