Educación, memoria y un encuentro cargado de emoción Un abrazo que hizo presente a Matías: su mamá visitó a los chicos que mantienen vivo su legado Esther, mamá del recordado artista montecasereño Matías Astarloa, sorprendió a los alumnos de quinto grado de la Escuela N.º 347 "3 de Abril" con una visita muy especial. Llegó para agradecerles el cariño hacia su hijo y el compromiso con el proyecto "Huellas que cuenta", que fue aprobado por unanimidad en el Concejo Deliberante. Entre abrazos y emociones, les dejó un mensaje que Matías siempre compartía: "Imaginen, creen y no tengan miedo de hacer cosas...".
Hay encuentros que trascienden las palabras y abrazos que parecen decirlo todo. Eso fue lo que se vivió en la Escuela N.º 347 "3 de Abril" de Monte Caseros, cuando Esther, mamá de Matías Astarloa, llegó de sorpresa para encontrarse con los chicos que, con su entusiasmo, compromiso y un enorme cariño, decidieron que la historia del artista continúe viva en cada una de sus obras.
La visita tuvo lugar en un momento particularmente significativo. El proyecto impulsado por los alumnos de quinto grado, denominado "Huellas que cuenta", acaba de convertirse en ordenanza tras recibir la aprobación unánime del Concejo Deliberante. Una noticia que representa un gran logro para la comunidad educativa, pero que adquiere un significado todavía más profundo por la historia que le dio origen.
Como lo contó días atrás MonteCaserosOnline, la iniciativa nació del vínculo que Matías había construido con los estudiantes cuando compartió con ellos sus conocimientos, su creatividad y su pasión por el arte. Aquellos encuentros, las visitas a su Casa de Inventos y los talleres en los que les enseñó a crear esculturas dejaron recuerdos que los chicos atesoran hasta hoy.
Su partida, el 5 de noviembre de 2025, impidió concretar un último encuentro que tenían pendiente. Sin embargo, el cariño permaneció, y con el acompañamiento de sus docentes Andrea Martínez y Victoria Ojeda, los alumnos encontraron una hermosa manera de transformarlo en algo que perdure.
Así nació la propuesta de identificar las esculturas de Matías mediante baldosas con códigos QR, que permitirán conocer la historia de cada obra, su significado y la vida de quien las creó. Una iniciativa en la que los chicos investigaron, aprendieron, trabajaron y hasta se animaron a presentar y defender su proyecto ante los concejales.
Y ahora, después de tanto esfuerzo, llegó una de esas recompensas que no se miden con calificaciones ni reconocimientos oficiales.
La mamá de Matías quiso conocerlos personalmente. Quiso mirarlos a los ojos, abrazarlos y agradecerles.
Según compartió la docente Andrea Martínez, Esther se acercó al establecimiento para expresar su gratitud por el compromiso y entusiasmo de los estudiantes, pero principalmente por el cariño sincero que siguen demostrando hacia su hijo.
Las imágenes del encuentro reflejan la cercanía de ese momento. Esther rodeada de niños, abrazos compartidos, gestos de afecto y una emoción que encontró en el aula un lugar donde expresarse.
Durante la visita, también quiso transmitirles algo que formaba parte de la manera de pensar y vivir de Matías, una enseñanza que resume su espíritu creativo y que hoy cobra un significado muy especial:
"Imaginen, creen y no tengan miedo de hacer cosas..."
Una frase sencilla, pero inmensa. Porque eso fue precisamente lo que hicieron estos chicos: imaginaron una manera de preservar su legado, creyeron en su propuesta y se animaron a llevarla adelante, hasta conseguir que se transformara en una ordenanza para toda la ciudad.
El encuentro se produjo además en días especialmente sensibles para quienes conocieron y quisieron a Matías. El 5 de noviembre se cumplió el primer aniversario de su partida y este 9 de noviembre sería su cumpleaños. Fechas que inevitablemente movilizan recuerdos, pero que también encuentran en estos pequeños gestos una forma de mantener presente todo lo bueno que dejó.
Lo que comenzó como una experiencia escolar hoy se convirtió en una muestra de lo que pueden lograr el afecto, la educación y el compromiso con la comunidad. Los alumnos no solamente aprendieron sobre patrimonio, tecnología y participación ciudadana. También demostraron que recordar a alguien es valorar lo que hizo, cuidar lo que dejó y compartirlo con quienes vendrán.
Y quizás lo más hermoso de esta historia sea justamente eso: Matías les enseñó a crear con las manos y con la imaginación. Sin saberlo, también estaba sembrando en ellos una semilla que hoy florece en un proyecto capaz de trascender generaciones.
Las esculturas de Matías seguirán formando parte del paisaje de Monte Caseros, y ahora existe una ordenanza para avanzar en la tarea de contar sus historias y preservar su significado.
Pero hay una obra que no está hecha de hierro, cemento ni materiales reciclados. Es la que Matías dejó en el corazón de estos chicos.
Una obra que no necesita códigos QR para ser descubierta. Se reconoce en sus gestos, en su entusiasmo y en esos abrazos que su mamá recibió durante una visita que seguramente permanecerá en la memoria de todos.
Porque hay personas que, aun después de partir, siguen inspirando a otros a crear.
Y Matías, a través de estos chicos, sigue dejando huellas.Domingo, 8 de noviembre de 2026
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