Día del Comparsero | 23 de septiembre Natalia Acuña: una vida de carnaval y un amor que lleva los colores de Carún Berá en la piel  En el Día del Comparsero, MonteCaserosOnline distingue a Natalia Acuña, una mujer que hizo del carnaval una parte esencial de su vida. Desde sus primeros pasos en otra ciudad hasta convertirse en una figura reconocida de Carún Berá, su historia está atravesada por la música, la emoción, la familia y una pasión que nunca pudo abandonar.
Hay personas que viven el carnaval durante unas pocas noches y hay quienes lo llevan consigo durante todo el año. Natalia Acuña pertenece a ese segundo grupo. Su historia con el carnaval comenzó cuando era apenas una niña, mucho antes de llegar a Monte Caseros, y con el tiempo encontró en Comparsa Carún Berá el lugar donde esa pasión terminó de echar raíces.
Nacida en Santo Tomé, Corrientes, Natalia cuenta que desde pequeña ya participaba en una comparsa. Al llegar a Monte Caseros, tuvo la posibilidad de conocer las agrupaciones locales y vivir una experiencia que cambiaría para siempre su historia carnavalera.
Su primer paso en la ciudad fue en Orfeo, donde ingresó siendo muy joven y acompañada por unas compañeras. Fue una experiencia que recuerda con cariño y que, según sus propias palabras, disfrutó muchísimo.
Pero hubo algo que la impactó especialmente cuando observó a Carún Berá desfilar: su frente, su música y esa energía que logró atraparla desde el primer momento.
“Miré la comparsa y me re gustó, calculo que la música también, entonces dije: bueno, el año que viene entro en Carumberá”, recuerda.
Aquella decisión implicó incluso un pequeño dilema familiar, pero finalmente Natalia eligió los colores de Carún Berá. Y desde entonces, como ella misma resume, “no hubo vuelta atrás”.
Una conexión que nació con el público
Ser comparsera, para Natalia, siempre significó mucho más que bailar.
Durante sus años en la avenida logró construir una conexión especial con quienes estaban del otro lado del cordón. Los aplausos, las miradas y la respuesta del público se transformaron en una parte fundamental de su experiencia.
“Yo creo que siempre generé la energía, la emoción, o las ganas... de tener la conexión que tuve con la gente”, expresa.
Para ella, ver a las tribunas levantarse y responder a su paso era una emoción difícil de explicar. Porque el carnaval, según Natalia, no solamente se baila: se siente.
“Ser comparsera tiene que salir del alma... del corazón, de la piel. Te tiene que erizar”, sostiene.
Y esa definición también explica por qué, aun después de dejar de bailar, nunca pudo alejarse de la comparsa.
Hoy Natalia continúa vinculada a Carún Berá desde otro lugar. Se convirtió en carrocera, descubriendo una nueva manera de vivir el carnaval: entre estructuras, fierros, soldaduras y trabajo de galpón.
“Yo creo que porque soy comparsera, en base, ser comparsera incluye todo prácticamente”, afirma.
Para ella, todos forman parte de la misma pasión: bailarines, carroceros, plumeros, herreros y cada persona que aporta su trabajo. Todos son comparseros cuando lo que hacen nace desde el corazón.
El carnaval como alegría de un pueblo
Cuando habla del carnaval, Natalia no piensa solamente en las comparsas. Piensa en Monte Caseros y en esa fiesta que cada año vuelve a reunir a miles de personas.
“El carnaval, para mí, es una de las fiestas más importantes y más grandes que tiene nuestro pueblo”, afirma.
Es una celebración que se disfruta de diferentes maneras y que, para quienes la sienten profundamente, representa alegría, encuentro y pertenencia.
Recuerdos que quedaron para siempre A lo largo de tantos años, Natalia guarda diferentes momentos que marcaron su trayectoria.
Entre ellos recuerda especialmente haber sido bastonera de Escuela Samba, un sueño que logró cumplir, y también su experiencia como cordonera.
Pero hay un recuerdo que ocupa un lugar todavía más profundo: el Premio María Emilia Dimitroff.
La distinción, entregada por la familia de María Emilia, se convirtió para Natalia en uno de los reconocimientos más emocionantes de toda su vida carnavalera.
“Me emociono todavía... yo creo que fue lo que más me marcó en la vida y en la comparsa”, recuerda.
Y es imposible hablar de ese premio sin mencionar a María Emilia, una figura profundamente ligada al carnaval montecasereño.
Natalia lo resume con una frase cargada de memoria y emoción:
“Ella era Carnaval. Vos decías Carnaval y María Emilia era Carnaval”.
La mamá que estuvo siempre
Detrás de una comparsera también hay una familia.
En el caso de Natalia, hay una mujer que ocupa un lugar fundamental en esa historia: su mamá, Rosa.
“Mi mamá siempre me ha acompañado desde el día uno”, cuenta.
Rosa también tuvo su propia historia dentro del carnaval y llegó a ser conocida por muchos como “Rosita de Carum Berá”. Durante años acompañó a su hija, estuvo vinculada a las comisiones y vivió el carnaval desde adentro.
A ella se suma Leo, su compañero de vida, quien también terminó encontrando su lugar dentro de la comparsa como carrocero.
Así, el carnaval se convirtió también en una historia familiar, transmitida, compartida y construida entre generaciones.
“Ser comparsera fue de lo mejor que me pasó en la vida”
Quizás la mejor manera de entender la historia de Natalia sea escuchar cómo define ella misma lo que significó ser comparsera.
“Ser comparsera, para mí, fue lo mejor que me pasó en la vida”, afirma.
Habla de años felices, de sueños cumplidos, de lugares que pudo ocupar y de experiencias que quedaron guardadas para siempre.
Hoy ya no está en la pista como antes, pero sigue dentro de Carún Berá. Y aunque no descarta volver algún día a bailar, tiene claro que no se imagina viendo a su comparsa desde una tribuna.
“No me veo en la tribuna o en una mesa, sentada viendo mi comparsa. Voy a seguir ayudando desde el lado donde pueda”, asegura.
Porque quizás eso sea, precisamente, ser comparsera: entender que el carnaval no termina cuando uno deja de bailar.
La música sigue sonando. Los recuerdos permanecen. La familia continúa acompañando. Y la pasión encuentra nuevas formas de expresarse.
En este Día del Comparsero, la historia de Natalia Acuña es también un homenaje a todos aquellos que alguna vez sintieron la piel erizarse al escuchar una marcha, que esperaron durante meses para volver a pisar la avenida y que descubrieron que el carnaval puede convertirse en una parte imborrable de la propia historia.
Porque, como dice Natalia, “si realmente algo te gusta, hacelo y probalo”.
Y para ella, probarlo fue apenas el comienzo de una historia que todavía continúa escribiéndose junto a los colores de Carún Berá. Miércoles, 23 de septiembre de 2026
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