Día del Comparsero | 23 de septiembre Gabriela Díaz: una vida atravesada por el carnaval y una historia que lleva los colores de Orfeo en el corazón  En el Día del Comparsero, MonteCaserosOnline distingue a Gabriela Díaz, pasista de Comparsa Orfeo, cuya historia con el carnaval comenzó mucho antes de que pudiera recordarla. Una vida marcada por la música, la familia, los ensayos, las noches de carnaval y una pasión que, como ella misma define, “nunca pude dejar”.
Hay pasiones que se eligen y otras que parecen llegar mucho antes de que uno tenga la posibilidad de decidir. En Monte Caseros, el carnaval forma parte de la identidad de generaciones enteras y, para algunos, la historia comienza prácticamente desde la cuna.
Ese es el caso de Gabriela Díaz, pasista de Comparsa Orfeo, quien creció rodeada de música, colores, historias y recuerdos vinculados a la institución que, con el paso de los años, se convirtió en una parte inseparable de su vida.
Su vínculo con Orfeo nació en su propia familia. Su papá formó parte de la comisión de la comparsa y, cuando Gabriela todavía era bebé, ya había quienes imaginaban para ella un futuro ligado al carnaval.
“Cuando yo era bebé le decían que yo iba a ser reina, que iba a bailar y él les decía: no, todavía es muy chica para pensar en eso”, recuerda. Aquella niña creció escuchando la música de Orfeo y las historias de carnaval en su casa. Con el tiempo, aquello que estaba presente desde siempre terminó convirtiéndose en una pasión propia.
“El carnaval es parte de nuestra historia. Crecimos con el carnaval, entonces el que realmente lo siente lo lleva en la sangre”, expresa Gabriela.
Y agrega una frase que resume buena parte de su recorrido: “Amo bailar desde siempre, entonces fue solo, fue un camino de ida y nunca lo pude dejar”.
Entrar al Corsódromo y volver a sentir lo mismo
Para Gabriela, cada ingreso al Corsódromo tiene algo difícil de explicar con palabras. Es ese instante en el que todo lo vivido durante meses se transforma en unos minutos de música, luces, banderas, público y emoción.
“Ves el fondo, toda la gente, la nieve, las banderas, miro a mi mamá, que siempre está acompañando, y la verdad es un momento súper lindo cuando estás ingresando al Corsódromo para vivir otra vez esa experiencia”, cuenta.
Es allí cuando aparece una certeza que parece repetirse año tras año: “Qué bueno que estoy acá, qué bueno que pude estar”.
Pero el carnaval no comienza cuando se encienden las luces ni termina cuando la comparsa deja la avenida. Para un comparsero, la celebración se construye mucho antes.
Gabriela disfruta cada parte del proceso: el armado, los ensayos, las noches sin dormir, pensar en cada detalle del traje, el maquillaje, las previas, las reuniones familiares, las pruebas, la música y cada momento compartido.
“Todo se disfruta”, sostiene.
Porque detrás de cada desfile existe una historia que el público muchas veces no llega a conocer: horas de preparación, cansancio, ansiedad, emoción y una enorme cantidad de energía puesta en apenas unos minutos sobre la avenida.
Lo que no se ve detrás de una pasista
La primera noche de carnaval es, para Gabriela, una verdadera explosión de emociones.
La adrenalina aumenta a medida que se acerca el momento de salir y todas las sensaciones se acumulan. A eso se suma el cansancio de los días previos, las horas de ensayo y las noches con poco descanso.
Sin embargo, cuando llega el momento de desfilar, todo queda detrás.
“La gente no se da cuenta de que estoy destruida sin dormir”, cuenta entre risas, al recordar que después del desfile llegan los mensajes y comentarios de quienes la vieron bailar y destacan cómo estuvo sobre la avenida.
Esa es otra de las particularidades del carnaval: el público observa el brillo, la sonrisa, el traje y el baile, pero muchas veces desconoce todo lo que hubo detrás para llegar hasta allí.
2010, un año que permanece en el corazón
Entre tantos carnavales vividos, hay uno que Gabriela guarda de una manera especial: 2010, el año en que fue bastonera de escuela de samba, en el marco de los 50 años de Orfeo, bajo el concepto de “Eternamente Dorada”.
Lo recuerda con especial cariño por los ensayos, la familia, la música y todo lo que significó ocupar aquel lugar.
“Es un año que siempre recuerdo y que me encanta”, afirma.
Y agrega: “Haber estado en ese lugar fue un placer, un placer enorme”.
Más que un año dentro de una trayectoria carnavalera, 2010 representa uno de esos recuerdos que permanecen intactos y que, con el paso del tiempo, vuelven a despertar las mismas emociones.
Familia, gratitud y una historia compartida
En su recorrido, Gabriela destaca especialmente a las personas que estuvieron a su lado.
Su familia ocupa el primer lugar. Su papá, por haberle transmitido aquella pasión por el carnaval y por los colores de Orfeo; y su mamá, por acompañarla y estar presente en tantos momentos.
También recuerda especialmente a Macri Güerini y su familia, a quienes menciona con profundo agradecimiento por el acompañamiento y la disposición que siempre tuvieron con ella y su familia.
A Orfeo le agradece haberle permitido formar parte de su historia y haber confiado en ella para ocupar distintos lugares dentro de la comparsa.
Y a su familia, porque, como resume Gabriela, “sin ella no hubiese sido nada posible”.
“Es hermoso ser de Orfeo”
Representar a Orfeo no es solamente ponerse un traje y salir a bailar. Para Gabriela significa familia, memoria y una conexión con aquella niña que creció escuchando la música de la comparsa.
“Representar Orfeo y representar esos colores, para mí es familia, es pensar en mi viejo, es recordar desde chica que suene la música de Orfeo”, expresa.
Por eso, cuando intenta explicar qué significa ser comparsera, las palabras parecen quedar cortas.
Para quien nunca vivió el carnaval desde adentro, quizás resulte difícil comprender por qué alguien espera durante meses para volver a bailar, por qué una melodía puede provocar piel de gallina o por qué una avenida puede convertirse en un lugar tan cargado de emociones.
Gabriela lo resume de una manera sencilla:
“El comparsero espera todo el año para volver a bailar, para volver a pisar la avenida, volver a sentir la piel de gallina cuando escuchás la música”.
Y deja una invitación para quienes todavía nunca se animaron a vivirlo desde adentro:
“Los invito a que prueben, que se animen a participar del carnaval, porque es una fiesta muy linda y nosotros tenemos un hermoso carnaval”.
Una pasión que se transmite
En este 23 de septiembre, Día del Comparsero, la historia de Gabriela Díaz representa también la de tantos hombres y mujeres que hacen del carnaval una parte fundamental de sus vidas.
Porque detrás de cada traje hay una historia. Detrás de cada pasista hay horas de preparación. Detrás de cada comparsa hay familias, amistades, recuerdos y generaciones que mantienen viva una tradición.
Y en el caso de Gabriela, hay además una historia que comenzó antes de que pudiera recordarla y que continúa escribiéndose cada vez que la música de Orfeo vuelve a sonar.
Una historia de familia, de carnaval y de una pasión que, después de tantos años, sigue intacta. Miércoles, 23 de septiembre de 2026
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